Seguramente nuestra obra más prestigiosa, emocionante, experimental y difícil. Trabajar junto a un genio indiscutible como Renzo Piano no solo es un honor, sino también una gran fortuna. Seguro que hay personas con más méritos que nosotros que nunca tendrán este placer, y por ello nos consideramos realmente muy privilegiados.

Para recordarlo, Piano ha pensado dibujar en el cielo lápices de colores, los Faber tan queridos por De Andrè, que podrán abrirse, transformándose en ligeras velas de colores.

La dificultad ha sido anclar la botavara de enrollado y dotarla de mecanismos de atirantado del tejido solo con cables suspendidos. Nunca antes se había hecho algo similar.

La dificultad ha sido anclar la botavara de enrollado y dotarla de mecanismos de atirantado del tejido solo con cables suspendidos. Nunca antes se había hecho algo similar.

Ningún sistema electrónico, sino todo mecánico, con fuerza proporcional a la apertura, funcional e irrompible.
Este ha sido el motivo de que hayamos sido los elegidos por Piano.

Otro escollo ha sido seguramente la sincronización de la apertura y el cierre de las 14 velas dispuestas sobre diversas plazas, pero aquí la tecnología nos ha echado una mano muy útil con la disposición de un sistema de control centralizado, dinámico e integrado.

Hemos ideado, proyectado y soldado todo en casa: una satisfacción no doble, sino centuplicada.

La plaza Faber de Tempio Pausana es algo único en el mundo gracias a la creatividad transformada en concreción, al arte de Piano.

El amigo y artista intemporal Fabrizio De Andrè amaba la tierra sarda de forma visceral y debemos decir que también nos sucede a algunos de nosotros.